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  • : El propósito del blog es presentar los contenidos mínimos del área de religión en los niveles básicos primaria y secundaria y las actividades a realizar por grados.
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Cuando empezamos a acercarnos a Jesús y su experiencia de vida, comprendemos que lo que él vino a hacer a este mundo fue enseñarnos un estilo de vida, una propuesta que nos puede traer como consecuencia la plenitud de vida y la salvación total. Por eso, no basta creer en él para salvarse, es necesario animarse a vivir su propuesta, hay que arriesgarse y saltar a lo nuevo, a su propuesta. La propuesta de vida de Jesús no se puede comprender en totalidad hasta que no se pruebe, hasta que no se guste en experiencia personal.

La ficha pasada nos ha servido para empezar a ver el proyecto de vida de Jesús, sus pasos y su propuesta.

En la ficha de hoy continuaremos viendo las opciones de Jesús, lo que fue importante en su escala de valores. Todo esto es indispensable para poder hacer un camino de seguimiento. Nuestra religión no es un conjunto de ritos y creencias, es básicamente una propuesta de vida, un estilo de vida… pero no cualquier estilo, sino el de Jesús de Nazaret. Jesús es para nosotros alguien a quien seguir.

Él revela, con su vida, al verdadero Dios… conocer a Jesús puede llegar hasta hacerte cambiar tu concepción sobre Dios. Sigamos entonces!!!

 

 1. Orar desde la vida

La vida de Jesús es una constante alabanza y referencia al Padre. "Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra" (Jn 4,34). Con mucha frecuencia, al fin de las actividades de cada día, pasaba las noches enteras en oración, conversando con su Padre (Lc 6,12; Mc 1,35). Esto le permitió vivir en intimidad y llegar a sentirse uno con él: "Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí... El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" (Jn 14,9-10) y experimentar la realidad de una vida nueva en Dios y desde Dios (Jn 14,1-31).

Impactados por su manera de rezar y de relacionarse con su Padre, los discípulos le pidieron un día, "¡Señor, enséñanos a orar!" y Jesús les contestó "cuando quieran rezar digan: Padre Nuestro..." (Lc 11,1-4). El padrenuestro no es solo una fórmula para orar sino el compendio del programa de vida de Jesús: que el Reino se haga realidad, que se cumpla siempre la voluntad del Padre, que haya pan en la mesa de todos, que se perdonen las ofensas que separan a los hermanos, que se puedan vencer las tentaciones y que el bien predomine siempre sobre el mal. Así testimonió su relación íntima y de diálogo con su Padre y les dio confianza a los discípulos para que también ellos se animaran a comunicarse de la misma manera con él (Mt 7,7). La oración fue su alimento diario: bendice a su Padre al ver cómo revela su Reinado a los pobres, se adelanta a los acontecimientos, velando en oración, y se aleja de todos para pasar largas horas junto a su Padre. No podría haber escuchado y servido a la gente de su pueblo, sin haber escuchado profundamente a Dios. Por eso les advirtió a sus discípulos que "no fueran como los hipócritas que les gusta orar de pie en las sinagogas para ser vistos por la gente" (Mt 6,5) Y les enseñó a orar desde la vida y la historia con gestos y palabras (Mt 6,5-8). Oró con la gente del pueblo antes de curarla (Mc 7,34) y de perdonarla (Jn 8,1-11), oró con palabras de aliento y agradecimiento al descubrir las maravillas de Dios (Lc 10,21), oró desde lo más profundo de su corazón cuando se sintió tocado por las necesidades (Lc 9,16) y por el dolor y el sufrimiento de la gente (Jn 11,41) e invitó a orar siempre con insistencia y sin desanimarse (Lc 18,1-8; Lc 11,9-11). Para ayudar a los discípulos en su proceso de crecimiento en la fe, los invitó a vivir momentos fuertes de oración como el de la transfiguración (Mt 17,1-13) y el del monte de los Olivos (Lc 22,39-43). Su confianza en el Padre llegó a su momento culminante, cuando le entregó su vida en la cruz exclamando "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" (Lc 23,46).
2 Construir un proyecto de vida
 Durante los años callados de Nazaret, leyendo con atención las escrituras y mirando detenidamente la situación y las necesidades de su pueblo, Jesús maduró su respuesta y concretó su proyecto de vida. Cuando creyó que había llegado el momento conveniente, lo dio a conocer, comenzó a trabajar para hacerlo realidad, invitó a otros a adherirse a su propuesta y a comprometerse en su seguimiento.

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Según la situación de cada uno, llamó a unos, cuestionó a otros, replanteó la vida de muchos. Invitó a Nicodemo a nacer de nuevo (In 3,1-8), llamó a Zaqueo a la conversión (Lc 19,1-9), promovió el diálogo entre Marta y María (Lc 10,38-42), ofreció agua viva a la mujer samaritana (In 4,1-45), devolvió la vida a la hija de Jairo (Mc 5,21-43), perdonó a la mujer adúltera y le pidió que no pecara más (Jn 8,1-11), invitó a Pedro y a Andrés a ser "pescadores de hombres" (Mc 1,17), propuso un camino de plenitud al joven rico (Mc 10,17-22)...

En la comunidad de los seguidores de Jesús, todo proyecto de vida se inscribe dentro de su gran proyecto: buscar, anunciar y vivir por el Reino de Dios. Los discípulos, guiados por él, fueron descubriendo en el proceso comunitario su propio proyecto personal y fueron comprometiéndose poco a poco. No tuvieron claridad de un día para otro. En algunos momentos se jugaron enteros (Jn 6,67-69) y en otros simplemente temieron (Mc 4,3 5-41) y procuraron escapar (Mc 14,50). Su compromiso definitivo con Jesús fue fruto de un largo caminar junto a él y de la acción del Espíritu que finalmente les ayudó a "entender toda la verdad" (Jn 16,13).

3.3 Solidarizarse con los "caídos del camino"
Jesús no fue insensible a los pobres, a los abandonados y a los marginados de su época. Sintió compasión de quienes lo seguían porque "estaban como ovejas sin pastor" (Mc 6,32), se detuvo a escuchar el clamor del ciego que gritaba al borde del camino (Lc 19,35-43), atendió a los leprosos que pedían ayuda sin poder acercarse (Lc 17,11-19), curó a la mujer que llegó hasta él para tocar su manto (Lc 9,43-48), resucitó al hijo de la viuda de Naím con cuyo cortejo fúnebre se encontró en la puerta de la ciudad (Lc 7,11-17), reprendió a los discípulos que procuraron apartar a los niños (Mt 19,13-14), consoló a las mujeres que lloraban junto al camino de la cruz (Lc 23,28). En la parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37) mostró cuál es la manera de comportarse ante las necesidades humanas en el Reino de Dios. Con su testimonio y con sus palabras "vete y haz tú lo mismo", invitó a no pasar de largo, a mirar con ternura y afecto, a detenerse, a levantar y acompañar, a preocuparse por la situación más allá de lo urgente y lo inmediato, a ofrecer una nueva esperanza, en una palabra, llamó a hacerse prójimo de los "caídos del camino", a no ser indiferentes a las situaciones de marginalidad y a compartir en ellos la pasión de toda la humanidad.
 3.4 Amar con corazón entero

Las personas que se encontraban con Jesús sentían su afecto y la calidez de su acogida. Fue capaz de dar a cada uno su lugar, de aceptar y respetar la particularidad de cada situación y de cada proceso, de ofrecer siempre su amistad, de entregar su vida por los que amaba, de abrir a todos el camino para el encuentro con el Padre (Lc 3,10-14): nadie pudo sentirse excluido de su amor. Cuando quiso dejar el testamento de su vida, habló del mandamiento nuevo: "ámense unos a otros como yo los he amado... ustedes son mis amigos si cumplen lo que les mando" (Jn 15,12-14; Jn 13,34), porque "no hay amor más grande que dar la vida por los amigos" (Jn 15,12).

El amor está en el corazón de toda experiencia de encuentro con Jesús. Es el mayor don que se recibe del Padre y el más grande don que se puede dar. Constituye la cumbre y la clave de toda vida humana. Será el distintivo por el que el mundo reconocerá a los verdaderos discípulos de Jesús (Jn 13,35). El amor entre los hermanos se expresa con cariño y ternura, restaura las heridas, desarrolla la personalidad, confía en las personas, es capaz de perdonar y ser misericordioso, hace gustar y disfrutar la vida. Jesús invita a los jóvenes a vivir un estilo de vida en el amor, a anunciar con sus vidas alegres e intensas que el amor auténtico es posible y a reconocer en ese camino que recorren con fe y valentía la presencia del Dios de la Vida. Se trata de ser capaces de dialogar, de aprender a escuchar

El mismo perdonó a quienes se arrepintieron, prometieron cambiar de vida y reafirmaron su compromiso de seguirle: Zaqueo (Lc 19,1-10), la Magdalena (Jn 8,3-11), el paralítico (Lc 5,18-26), Pedro (Jn 21,15-17) y en la hora de su muerte, el ladrón arrepentido (Lc 23,43) y sus mismos ejecutores (Lc 23,34). Enseñó a sus discípulos a

y compartir de ser constantes y perseverantes en los compromisos asumidos, de mirar los intereses de los demás antes que los propios, de entregar las propias capacidades sin esperar recompensa, de ir dando la vida en las acciones humildes y sencillas de cada día. Se trata, definitivamente, de ser testigos de la Civilización del Amor. 3.5 Perdonar y ser perdonado
 El amor supone y exige el perdón, que es parte integral de la conducta humana y del nuevo estilo de vida que propone Jesús. Como don de Dios, el perdón libera de las ataduras del pecado personal y social, derriba los muros que se crean entre las personas, los pueblos y las culturas; favorece la vida en el amor y en la felicidad y hace posible ir construyendo juntos una sociedad más justa, fraterna y solidaria. El perdón no es una palabra o un barniz exterior sino un gesto gratuito que nace del interior de la persona, exige arrepentimiento y cambio del corazón y abre las puertas al encuentro de unos con otros como hermanos. Jesús mostró a Dios como un padre misericordioso y lleno de ternura, que no duda en salir a recibir con afecto y cariño al hijo que regresa a casa tras haberse alejado de su amor y haber malgastado su herencia. No pregunta por qué se fue, qué hizo ni dónde estuvo: lo acoge, lo perdona y lo restituye en su lugar y en su dignidad de hijo (Lc 15,11-32).

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perdonar siempre, como ellos son perdonados (Mt 6,12), todas las veces que fuere necesario (Mt 18,21), para ser como el Padre del Cielo (Mt 5,48) "que hace brillar el sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos" (Mt 6,45).

Las miró con amor, las respetó, las trató con dignidad y las valoró como personas. Muchas mujeres lo siguieron, lo escucharon y lo estimaron: Marta y María, sus amigas (Lc 10,38ss), María Magdalena (Jn 20,1-2), la adúltera (Jn 8,1-11); la samaritana (Jn 4,1-30), la mujer que derramó perfume sobre su cabeza (Mt 26,6-16). Ellas fueron las primeras testigos de la resurrección (Mc 16,5-7) y las enviadas a anunciarla a los discípulos (Mc 16,9-10).

3.6 Dignificar la vida de la mujer
 En una sociedad donde las mujeres estaban sometidas, no eran consideradas y no tenían posibilidades de participar en la vida del pueblo, Jesús tuvo con ellas un comportamiento muy especial.
Aterrizando…
¿Sabes hacer oración, como Jesús la hacía con su Padre? ¿Estás acostumbrado a ello? Viendo a Jesús, y comprendiendo que ha tenido un proyecto de vida, respóndete con sinceridad, ¿tú tienes un proyecto de vida? ¿Tienes una “escala de valores” en tu vida? Trata de escribirla, para hacerla patente frente a ti. ¿Qué lugar ocupan en tu corazón la preocupación por los más necesitados y los marginados de la sociedad de hoy? ¿Qué tan dispuesto estás en tu corazón de perdonar a los otros? ¿Qué tanto te gusta que te perdonen? Todas estas preguntas son para que te midas con respecto a lo que un seguidor de Jesús debería ser y hacer. ¿Qué reflexión te surge en tu corazón en estos momentos?

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